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El cambio de hora y sus efectos

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Ahora que tenemos claro que el cambio de hora de octubre suma (y no resta) una hora más en los relojes, es un buen momento para conocer algunos datos interesantes sobre cómo afecta a nuestro cuerpo. Para ello, hemos entrevistado al doctor Javier Albares, especialista en Neurofisiología clínica y director de la Unidad del Sueño en Centro Médico Teknon, quien también nos explica cómo aliviar los efectos posibles cuanto antes.

¿Es más sencillo adaptarse al horario de invierno?

El cambio de hora de verano, que realizamos en marzo, normalmente genera más problemas que el de invierno, que es ahora en octubre. De hecho, necesitamos alrededor de 7 días para adaptarnos completamente al horario de verano, frente a los 3 o 4 días que requiere el cambio de hora en invierno. A esto hay que añadir el hecho de que poder descansar una hora más suele ser recibido gratamente por todos en general, y muy especialmente por aquellos que sufren una falta de sueño crónica, como adolescentes y adultos.

Efectos del cambio de hora de octubre

Es habitual presentar unas leves alteraciones con este cambio horario, pero sin que llegue a ocasionar trastornos severos. También es frecuente que las necesidades diarias, como dormir y comer, aparezcan antes de lo que se está habituado. De hecho, es posible que tengamos ganas de dormir una hora antes e incluso que también nos despertemos antes. En algunos casos puede causar cambios de humor debido a que la tarde tiene menos horas de luz.

¿Qué papel juega el reloj biológico?

Lo cierto es que el reloj biológico cerebral, que es el que marca nuestro tiempo interno, necesita un periodo para acostumbrarse a la nueva situación. Con el cambio de hora se provoca un desajuste entre el tiempo interno y el externo, que es el que viene marcado por las agujas del reloj y, por eso, surgen las alteraciones que sufrimos.

Niños y ancianos, los más afectados

Así es, niños y ancianos necesitan un periodo de adaptación más amplio, ya que su reloj biológico no es tan flexible y eso puede hacer que los efectos se presenten de forma más acusada. Como la puesta del sol ocurre una hora antes, las personas mayores sienten mayor dificultad para no quedarse dormidos en el periodo de la tarde- noche y pueden sentir más somnolencia. De la misma forma, también es posible que experimenten complicaciones para permanecer dormidos toda la noche, pudiéndose despertar más temprano de lo que quisieran. En estos casos, se pueden necesitar un par de semanas para que estas consecuencias desaparezcan.

¿Es posible prevenir los efectos del cambio horario?

Recomendamos 4 pautas sencillas que te pueden ayudar:

Desde el primer día, debemos intentar irnos a dormir con el nuevo horario de invierno. Para aquellos que les resulte complicado acostarse más tarde de lo habitual, pueden empezar haciéndolo poco a poco, retrasando el horario 15 minutos cada día, para que en cuatro días se complete la adaptación de manera total.

Las siestas breves, durante 3 o 4 días, facilitan el hecho de mantenerse despiertos hasta más tarde, lo que también ayuda a retrasar el reloj biológico.

Adaptar los horarios de comidas lo antes posible para que se adecúen al horario de invierno.

Exponernos a la luz del sol y practicar ejercicio para terminar la tarde son dos formas de ayudar a ajustar nuestro reloj interno más rápidamente.


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